NUNATAK Y LAS FLORES SALVAJES

Escrito por el octubre 28, 2019

La banda cartagenera Nunatak publica «Nunatak y las flores salvajes», cuarto álbum de su carrera que llega después de «Nunatak y las luces del bosque» (2014), «Nunatak y el pulso infinito» (2016), y «Nunatak y el tiempo de los valientes» (2018), trabajos impecables que bien podrían haber dado título a una saga literaria de aventuras en la que se cuenta la historia de cinco músicos que, con mucha valentía y talento, emprenden un camino en el que sólo les acompañan la sinceridad de sus letras, la delicadeza y una capacidad tremenda para conmover.

En dicho recorrido el quinteto ha vuelto a aliarse con su productor de confianza, el murciano Raúl de Lara, para dar forma a 10 nuevas canciones que demuestran una evolución en actitud y poderío. Una progresión capaz de viajar del susurro intimista a una explosión de melodías vigorosas, coloridas y sumamente contagiosas. De navegar entre guitarrazos y falsetos cercanos al blues y al rock en «Todas las campanas». De experimentar en «Hijo de la tierra», el corte más explosivo de este disco, sumando a la contundencia del bajo, palmas, armonías vocales y la participación en los coros de los Auroros de Nuestra Señora del Rosario de Rincón de Seca, una hermandad religioso-folklórica con más de 100 años de tradición. “Los Auroros son un puro ejemplo de arte creado y dedicado a ese estilo de vida. Son coros eminentemente litúrgicos y exclusivos de la huerta de Murcia. Lo vemos como una experiencia intergeneracional de intercambio de tradiciones y maneras de entender el arte, hermosa y conmovedora”, y es que «Hijo de la tierra» es una de las canciones de las que Nunatak se muestran más orgullosos, tanto por el sonido y las reivindicaciones que hace: “Es un homenaje a la vida alejada de la ciudad, conectada a la naturaleza; a un estilo de vida sin relojes, basado en el trabajo duro, el sacrificio y el amor a las cosas que crecen”. 

En el lado más pop del camino aparece «Creéme», que muestra con certeza cómo el quinteto ha afianzado el trabajo iniciado en su anterior disco, que les revela como constructores de un pop con grandes intenciones sin que ello afecte el sentido artesano con el que siempre han construido sus relatos. En el plano más acústico e intimista, aparece «Viento del sur», una canción de apenas dos minutos más que suficientes para tejer una atmósfera cómplice y encantadora. Y cerrando el álbum, “Ya he ganado”con guiños a la electrónica más sensible.


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